Vienes, sin llamarte y te vas igual, sin avisar.
Un día más, igual, las mismas personas de siempre y las mismas que no están. Quizás porque damos más importancia a aquellas que no están y seguimos sin valorar a las que sí. No sé, tal vez sea porque las que más necesitamos son realmente a esas, las que no están. Vienes, sin llamarte y te vas igual, sin avisar. Esas pequeñas ilusiones, esos pequeños detalles, esas ganas de volver a verte, otra vez, para otra despedida o quizás para un bonito comienzo. Y es que hay personas con las que te dan ganas de empezar algo, no sabes el qué, pero sí algo. Noches que dan de sí, y te hacen que pensar. Y sí, lo reconozco, aquel día perdí mí oportunidad, la oportunidad que más me arrepiento de perder, pero como dicen: Todo pasa por algo, y yo aquella tarde lo comprobé. Perdí algo que quizás jamás vuelva a tener. Pero a veces pienso y no sé, si quisieras volver, volverías y no lo haces. Y a veces no lo entiendo, orgullo o quién sabe... Tal vez no quieras volver, pero yo te esperaba, pero eso, te esperaba, antes. Y qué sí, que no lo niego, eras la persona indicada en el momento justo. Y sí, yo te perdí a tí, pero tú y tú maldito orgullo también a mí. Increíble que dos semanas después todo sea tan diferente... Nunca pensé que escribir esto me ayudaría tanto, y por fín lo he conseguido. Ojalá ninguna noche más vuelva a escribir sobre esto y sí es así, que sea por ese bonito comienzo. ¡BUENAS NOCHES!
No hay comentarios:
Publicar un comentario